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MASCOTONOMÍA
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Halloween

Halloween convierte los disfraces para mascotas en un negocio de casi 1.000 millones de dólares

Los consumidores estadounidenses prevén gastar 920 millones de dólares en vestir a sus animales este Halloween, mientras veterinarios y expertos reclaman priorizar comodidad y seguridad.

Halloween
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Vestir al perro de calabaza, fantasma o perrito caliente ya no es una anécdota de Halloween. Los disfraces para mascotas moverán alrededor de 920 millones de dólares en 2026 solamente en Estados Unidos y se consolidan como una categoría propia dentro del enorme mercado del consumo animal.

Halloween tiene un nuevo cliente: el perro.

Y, cada vez más, también el gato.

Los animales domésticos han dejado de ocupar un papel secundario en una de las grandes campañas comerciales del otoño para convertirse en destinatarios de disfraces, complementos, juguetes, golosinas y productos estacionales.

La National Retail Federation calcula que los estadounidenses gastarán 13.500 millones de dólares en Halloween durante 2026, un nuevo máximo, de los que aproximadamente 920 millones se destinarán exclusivamente a disfraces para mascotas.

Eso significa que vestir a perros y gatos durante unos días genera por sí solo un mercado cercano a los 1.000 millones de dólares.

La humanización de las mascotas ha creado un nuevo calendario comercial: cumpleaños, Navidad, vacaciones y ahora también Halloween.

De 700 a 920 millones en apenas dos años

El crecimiento resulta especialmente significativo.

El gasto estadounidense en disfraces para animales se situó alrededor de 700 millones de dólares en 2024, aumentó hasta aproximadamente 860 millones en 2025 y alcanzará previsiblemente 920 millones en 2026.

Año Gasto en disfraces para mascotas
2024 700 millones $
2025 860 millones $
2026 920 millones $

En apenas dos campañas, el mercado habría aumentado alrededor de un 31%.

El fenómeno ilustra uno de los grandes cambios económicos de la industria de las mascotas: determinados productos que antes se compraban exclusivamente para humanos están generando ahora categorías paralelas destinadas a los animales.

Ropa, accesorios, alimentación premium, hoteles, seguros, tratamientos sanitarios o dispositivos tecnológicos responden a la misma tendencia.

Calabaza, perrito caliente y fantasma

Los clásicos siguen dominando.

Según la encuesta de la National Retail Federation, la calabaza vuelve a ser el disfraz preferido para las mascotas, escogido por un 11,6% de quienes tienen previsto vestirlas.

Le siguen el perrito caliente, con un 5,9%, y el fantasma, con un 2,8%.

Los datos de búsquedas en internet apuntan en la misma dirección: perrito caliente, pollo, tiburón, araña, princesa, fantasma, dinosaurio, calabaza, dragón y león se encuentran entre los disfraces caninos más buscados.

Pero el mercado empieza a moverse también al ritmo de las redes sociales.

Una encuesta entre propietarios revela que Instagram y TikTok desempeñan un papel importante en la elección del disfraz y que una parte de los consumidores espera hasta los últimos días antes de Halloween para decidir su compra.

Esto convierte el producto en especialmente atractivo para el comercio electrónico y las compras impulsivas.

Hasta 49 dólares para vestir a una mascota

El gasto individual tampoco resulta testimonial.

Una encuesta reciente señala que el 73% de quienes planean disfrazar a sus mascotas comprará el traje, mientras un 27% reutilizará uno anterior o lo fabricará.

Entre quienes compran, un 42% prevé desembolsar entre 20 y 49 dólares.

Para las grandes cadenas especializadas y las plataformas de comercio electrónico, Halloween introduce así una campaña adicional entre el final del verano y Navidad.

Y el disfraz puede ser solamente la puerta de entrada.

A su alrededor aparecen juguetes tematizados, camas, collares, correas, golosinas, accesorios fotográficos y productos decorativos.

Una fiesta que dura una noche puede generar varias semanas de ventas para la industria de las mascotas.

Cuando la venta choca con el bienestar animal

La tendencia comercial tiene, sin embargo, un límite evidente: el animal no entiende que está celebrando Halloween.

Un disfraz que resulta divertido para el propietario puede provocar incomodidad, calor, estrés o dificultad de movimiento.

La recomendación básica es comprobar que la prenda no limite la movilidad, respiración, visión u oído del animal y evitar elementos pequeños que puedan desprenderse y ser ingeridos.

Especialmente importante es observar la reacción del propio perro o gato.

Intentar quitarse repetidamente el disfraz, quedarse inmóvil, esconderse, jadear de forma inusual o mostrar signos evidentes de estrés deberían ser suficientes para retirar la prenda.

Halloween añade además otros riesgos independientes del disfraz: puertas que se abren constantemente, ruidos, visitas, velas, decoraciones y alimentos destinados a humanos.

El chocolate y determinados edulcorantes utilizados en golosinas pueden resultar particularmente peligrosos para los perros.

El negocio de celebrar con el animal

Más allá de Halloween, el fenómeno revela algo mucho mayor.

El propietario ya no compra únicamente productos que su mascota necesita. Compra también productos destinados a incorporarla a su propia vida social y emocional.

Halloween es un ejemplo especialmente visible porque el producto tiene una utilidad práctica mínima: un perro no necesita un disfraz.

El valor está fundamentalmente en la experiencia que compra su propietario.

Y ese cambio resulta decisivo para entender hacia dónde se dirige la industria.

La economía de las mascotas está dejando de depender exclusivamente de alimentación y salud para extenderse a ocio, moda, viajes, celebraciones y entretenimiento.

Los 920 millones de dólares previstos para disfraces este Halloween son probablemente una de las fotografías más claras de esa transformación.